La vertiente septentrional del Macizo Oriental de Gredos está delimitada en todo su desarrollo por el curso alto del río Alberche, que lo separa de las Sierras de Villafranca, Los Baldíos y la Paramera de Ávila, al N. Desde su nacimiento en la loma de Cañada Alta (1.808 m), al N de Hoyos del Espino y muy cerca de San Martín de la Vega del Alberche (1.518 m) el río corre en sentido W-E por un tramo relativamente llano. Poco después de pasar bajo Cepeda la Mora (1.505 m), en las faldas de La Serrota, toma bruscamente la dirección N-S, obligado por una línea de fractura, al tiempo que recibe las aguas de los ríos de la Mora (que baja del puerto de Menga) y Astillero. En este tramo va acompañado muy de cerca por la carretera de Ávila al puerto del Pico. Poco después de pasar la Venta de la Rasquilla, en el punto en que se le une el río Piquillo, que desciende del citado puerto, vuelve a recuperar su primitiva dirección, que ya no abandonará hasta sobrepasar el embalse de San Juan, cerca de San Martín de Valdeíglesias.

Desde este último lugar el río Alberche se encajona ya por escabrosas gargantas entre las que se intercalan algunas navas o terrenos relativamente llanos en los que se han asentado las poblaciones y en cuyos topónimos aparecen con frecuencia (Navalosa, Navarrevisca, Navatalgordo, Navalacruz, Navaquesera, Navaluenga, etc.). El paisaje es desolado, piedras y matorrales lo dominan. Los bosques escasean. Aunque no parece que fuese así en tiempos pasados, pues en el «Libro de la Montería» del rey Alfonso XI se habla con encomio de los que había en Navaluenga, Burgohondo y El Tiemblo. El clima es durísimo, sobre todo en invierno. No obstante, no carece de atractivos precisamente el recorrido desde El Barraco a la Venta del Obispo (en la carretera de Ávila al puerto del Pico) por San Juan de la Nava, Navalmoral, San Juan del Molinillo, Navalosa y Hoyocasero. Ni la que desde El Tiemblo sigue el curso del Alberche y por Navaluenga y Burgohondo sube al collado de Serranillos (1.590 m), que da paso al Barranco de las Cinco Villas.
Desde este último collado, lugar de paso de las bandadas de palomas torcaces, como testimonian los numerosos apostaderos que allí hay, baja la Garganta del Puerto de San Esteban hacia el Alberche. Algo más abajo de la cumbre se encuentra el pequeño caserío de Serranillos (1.235 m), pueblo en que se da la extraña anomalía de no tener término municipal, lo que obliga a los varones a practicar el nomadismo permanente por los caminos de Ávila y de España, dedicados a la venta ambulante. Algo más abajo, en las faldas del cerro de Rojomaril (1.685 m), Navarrevisca (1.132 m) ofrece también un pintoresco aspecto. Prosiguiendo el descenso, en la Garganta de los Aquilones, en medio de frondosos pinares, se ha acondicionado una piscina natural.
Burgohondo es sin duda la población más importante de toda esta zona de Ávila, a lo que contribuye el hecho de estar asentada en un cruce de varias carreteras comarcales y locales. En la Edad Media fue abadía y señorío de las Ordenes Militares, de lo que aún da testimonio su iglesia castillo, de época gótica, con sus cubos y arpilleras, y situada en el punto más alto del casco urbano, como avizorando la vecina Sierra. De aquí salió algún que otro abad conspirador para engrosar las fuerzas de los comuneros. Burgohondo conserva además un rico acervo folklórico entre el que hay que mencionar las cruces de Mayo, la vaquilla de San Sebastián y, sobre todo, en el terreno musical, las seguidillas serranas, los romances de Jueves Santo y sus encantadoras e inolvidables ron das. Y, finalmente, es el punto de partida para el ascenso al puerto de Mijares, por la Garganta del Puerto, y al Alto de la Paramera (1.514 m), por Navalmoral, desde donde se domina un completo panorama de esta vertiente N del Macizo Oriental.
Siete km al E de Burgohondo, a orillas del río Alberche, sobre el que cruza un puente medieval (siglo XIV), está Navaluenga (769 m), población que tiene una parroquial y una Casa Consistorial de tiempos de Carlos III. Poco más adelante nos encontramos ya con la cola del gran embalse del Alberche o del Burguillo (así llamado por un puente romano que llevaba este nombre), que actúa como separación entre Gredos y las últimas estribaciones de la Sierra de Guadarrama..

Por su orilla derecha vierte sus aguas al embalse el río Iruelas después de recoger las de un verdadero abanico de arroyos que riegan el delicioso valle del mismo nombre, cubierto en gran parte de sus 6.000 Ha por frondosos pinares y cerrado a mediodía por los cerros de Casillas y de la Escusa. En la parte baja del río hay dos piscifactorías en que se crían gordas truchas. Una carretera forestal recorre el valle en toda su longitud, trepando por fuertes pendientes hasta el puerto de Casillas, desde cuya cumbre se divisa un espléndido panorama con el embalse al fondo como un gran lago azulado. A los 6 km de este imponderable recorrido se encuentra la casa forestal de Las Juntas, donde se unen los bulliciosos cursos de los arroyos de Balsaína y de la Encinilla para formar un torrente que se despeña por la Garganta. Lamentablemente, esta preciosidad de valle es de propiedad privada y la empresa propietaria no permite la libre circulación por el mismo. Qué cosas ocurren todavía en este país...!
Aguas abajo de la presa del Burguillo el Alberche, aprovechando las angostas gargantas por las que discurre el río vuelve a represarse en el embalse del Charco del Cura, debajo de El Tiemblo (680 m) (ambos embalses están rodeados de urbanizaciones de chales). Al término municipal de esta dinámica y bulliciosa población pertenecen los Toros y monasterio de Guisando, así como el puente romano de Valsordo, hoy bajo las aguas del embalse. En el propio casco urbano se conservan varias casonas señoriales y la misma iglesia parroquial, gótica, tiene gran prestancia.